Metáfora: 20 años de Teatro Jaujino y una pasión de Tunantada.
Escribe: Sol Lila.
Actuación, IX ciclo.
El artista jaujino sostiene en su canto, en su quehacer, una extraña y hermosa mixtura de colores vivos, razonamiento álgido y sentir profundo. No es fácil volver de la tierra jaujina y de su gente siendo la misma mortal, luego de un 20 de enero, sin dejarte atravesar extasiado por la imaginería de su tunantada, esa teatralidad absoluta de danza, gesto, pantomima y representación que nos cuenta de una tierra ideal, de aquel país de Jauja, donde la convivencia de mestizos, indígenas y foráneos era acaso un proyecto sustentable desde la interculturalidad y no solo artificios de un discurso político.
No es fácil volver, decía, a ser la misma después de escuchar a Juan Bolívar Crespo o como lo llama su pueblo, el ‘Zorzal Jaujino’, aquel Apu cantor y tunante sentenciarnos desde una muliza: “buscaré un mundo nuevo donde reinen los amores y la paz con mis hermanos”1. Y claro, ese mundo nuevo es, qué duda cabe, la tierra de los Xauxas, que germinó notables artistas populares siempre en consonancia con el sentir cotidiano y en la excelsa poesía de sus paisajes saludables para el cuerpo, nobles para el alma. El valle jaujino, perdura en mi memoria como poesía visual diáfana e inexpugnable, donde el amor a la vida puede trascender al alba entre un rocío inusitado, su briza fuerte y sanadora; así como sucede en la poética de Edgardo Rivera Martínez2, donde solo basta una casita frente a Paca “nuestra mágica laguna”, con una sola ventana y desde allí contemplar enamorados, entre eucaliptos y quinhuales, toda nuestra condición humana.
Entonces, no es para nada nuevo que el teatro jaujino sea una expresión también contundente de ese devenir formativo, sincrético, simbólico y, en consecuencia, estético. Hablar de la resistencia del teatro jaujino -pero desde una clara persistencia en estos tiempos de frágiles compromisos, de ofertas fútiles y gratuitas complacencias- de esa coherencia solidaria, es hablar de Francisco Mucha Reyes; es hablar del grupo de teatro Metáfora.
No fue difícil ubicar a Francisco allá, en Jauja, y es porque en él sucede aquello que nos expresa emocionado: “Yo he tocado todas las puertas posibles y así se me han abierto unas, y otras nunca contestaron”. Pues a pesar de la fría distancia que nos impuso una pantalla zoom, la entrevista con el joven director y gestor cultural, a propósito de la celebración de los 20 años de trayectoria teatral de Metáfora en Jauja, se tornó en un diálogo superlativo, generoso y crítico.
“Yo quise estudiar teatro, pero por motivos de la vida estudié Derecho. Fui a Lima a postular e ingresé a San Marcos, luego, por distintos motivos tuve que volver a Jauja y continuar con mis estudios”, nos dice, Francisco, con cierta impaciencia de quién tiene mucho que contar. Atrás quedaba Lima con todas sus ofertas de mercado. El futuro podía ser incierto. Sin embargo, se trataba de hacer patria donde tantas veces no se es profeta, realizar tu vocación entrañable, ser un profesional útil y valorado en tu propia tierra: ¨Mi padre quiso que yo fuera futbolista, por eso me llamó Francisco Diego; pero yo quería ser actor desde los 9 años, porque desde niño vi a mi padre ensayar, él era profesor de teatro”.
Metáfora como grupo de teatro se gesta entre la vocación legítima de muchachos y muchachas jaujinas, que luego de encontrar en las aulas escolares una motivación tantas veces relegada por la misma remora estatal. Les sacaron el jugo a esas presentaciones teatrales en heroicos festivales regionales, y eran realmente héroes, porque el presupuesto institucional era poco menos que un formalismo para cubrir otros gastos. Así nace el Festival Escolar de Teatro Tupac Amaru, más conocido como el FESTTA, en 1972, con una insoslayable vocación formativa teatrera que se funda primero en Huancayo, en la gran unidad escolar del mismo nombre, y que luego de una década de promover los encuentros teatrales escolares a nivel nacional, se descentraliza para involucrar en la organización de esa gran movida, a colegios estatales de distintas regiones del país. Así se gesta Metáfora, entre el barullo emprendedor teatral, colegial y colectivo de sus primeros gestores, con esa necesidad de transformar en símbolos, actos, significados, o metáforas toda la compleja belleza de un pueblo referente para el país.
Era el año 2001, el Perú apenas empezaba a instalarse en el engaño y el emputecimiento de sus instituciones, el nihilismo de una dictadura camaleónica se nos venía encima; y en Jauja, estaba naciendo, como un conjuro de los Xauxas a sus generaciones futuras un nuevo grupo de teatro: “Metáfora nace con el nombre de “A Oscuras”, porque no queríamos hablar de obras simples, queríamos explorar la mente del ser humano, el simbolismo, veíamos en la oscuridad un mensaje muy bonito. Es así como divagando entre “Los simbólicos” y otros nombres, de pronto digo, pero son metafóricas las cosas que hacemos. Seremos Metáfora. Y así nos llamamos”. El impulso creativo de Francisco Mucha y Elizabeth Verástegui que ya para entonces habían puesto en escena “Los ojos del mudo” de Grégor Díaz” y una particular adaptación de “Dos almas gemelas” de María Teresa Zúñiga, - obra con la que fueron reconocidos en festivales regionales-daría el estímulo definitivo para cimentar las bases del proyecto. Para Francisco, hablar de aquellos tiempos no es solazarse en el tiempo recobrado; se puede ver en su mirada inquieta que todo cuanto ha acontecido todavía puede recrearse. Sus palabras son como las de quien conjura a su propio destino. “Aquel año, 2001, cómo olvidarlo, fue un 18 de agosto que nos presentamos en el FESTTA por primera vez, y es que yo siempre quise llegar allí, que el teatro jaujino se muestre allí, pero no nos fue fácil el camino, nos encontramos con todas las dificultades del mundo”.
De esos inicios es que surge el compromiso de Metáfora, como un grupo que se integra a la comunidad jaujina con un claro derrotero de posicionar una estética propia, el teatro jaujino, hecho palmo a palmo, tocando todas las puertas posibles e imposibles con una consigna de integración legitima, definida, tener una presencia sólida en las muestras nacionales, en las plataformas de discusión, en los conversatorios donde se cuestiona y se piensa al teatro nacional: “Nosotros queríamos más, queríamos luchar por un teatro en Jauja, que se reconozca a Jauja en todas las muestras, que se diga ¡allí está Jauja! Ese era nuestro compromiso”.
Sucederán entonces, en los años siguientes, propuestas que sostienen una búsqueda de transculturación proactiva que se instala en el imaginario social de otras percepciones, que apelan a una diversidad desde la aceptación y valoración de la propia identidad. Para los y las jóvenes que se forman en Metáfora, acontece aquello que sustenta Eugenio Barba (1978)3 desde sus presupuestos de interconexión, no para apropiarnos de la experiencia de otros, sino a confrontarnos con ella, incluso hasta traicionando nuestra rígida memoria como único medio para transformar una creación original. De aquellas memorias es que surgen dramaturgias como: “Sobre el encierro y debajo” de Roberto Sánchez Piérola, 2012; “Yo Judas Iscariote” de Carlos Sáez Echevarría, 2013; “Fe de ratas” de Diego La Hoz, 2013; “Praxis” de Francisco Diego Mucha Reyes, 2015; “La conquista” de Alejandro Buenaventura, 2017; “El último sol y la última luna” de Francisco Diego Mucha Reyes, 2018; “Las mujeres de la caja” de Cecilia Podestá, 2019. Cada propuesta se sustenta en una investigación que se nutre de autorreferencias, de entrecruzamientos que cuestionan al individuo desde sus esquemas cotidianos y que comprometen a sus actores y actrices en formación a posibles diálogos en una aldea global cada vez más incierta: “Me formé desde mi labor de autodidacto estudiando todas las poéticas posibles y tendencias que están en boga hasta ahora, la antropología teatral, la psicología del personaje, el teatro naturalista, el teatro pobre, entre otros. Toqué muchas puertas insistentemente para afianzar mi aprendizaje, así logré contactarme con estudiosos y docentes como Ernesto Ráez, Diego la Hoz, Amiel Cayo, Sara Jofreé, Juan Rivera Saavedra, Daniel Dillon, quienes llegaron a Jauja a brindarnos sus enseñanzas y desde luego tomarse un potente caldo de gallina jaujino, para renovar fuerzas. Logramos amigos entrañables.”
También le preguntamos a Francisco sobre la labor de investigación teatral desde los presupuestos de las danzas más icónicas de su pueblo: “Por supuesto -nos refiere emocionado- en ´El último sol y la última luna´, logramos involucrarnos en la investigación como actores y actrices, en las iconografías de nuestra danza mayor, la tunantada, teniendo como elemento sígnico a la muerte, desde cómo se celebra la partida final de un tunante reverenciado donde solo los danzantes cargarán su cuerpo hasta el último lecho. La influencia mística de la Cruz de Mayo en el quehacer cotidiano de las jornadas, la gestualidad del tunantero y las jaujinas en las representaciones de los y las intérpretes”.
Es cierto que antes del influjo de Metáfora, no se habían realizado muestras teatrales regionales y nacionales en Jauja. Que con la persistencia de todos los y las jóvenes comprometidos en este esfuerzo sin precedentes se empieza a formar distintos públicos para los teatros que se están gestando en la ciudad, que hay una oferta pedagógica más amplia no solo en los colegios más representativos sobre cursos, talleres y muestras de teatro. No obstante, se advierte todavía cierta distancia, aquella que definimos entre el teatro académico y el teatro de aficionados no académico, pero con una profunda convicción profesional. Se trata también de ciertas carencias de sentido común y una miopía institucional de las academias que no integran las investigaciones empíricas de los procesos de los grupos aficionados, con otros procesos de la formación superior, de índole procesual científica de las creaciones escénicas. En este devaneo, contundente y firme en su quehacer nos dice Francisco: “Nadie va a saber que estás buscando apoyo, tienes que ir a buscarlo. Personalmente no me interesa ser un profesional en arte dramático, no me interesa ahora. Pero lo que le diría a los chicos y chicas de Ensad, es que se sientan orgullosos de la profesión que están logrando y que sean empresarios de la creatividad, que busquen las oportunidades, que uno es artífice de lo quiere que a uno le suceda”.
Mientras terminábamos de dialogar, el tiempo se nos pasó inadvertido. Con una temporada virtual de ‘Imaginario’, la última creación unipersonal de Metáfora, desde los recursos de la multimedialidad, que están próximos a presentar, vamos despidiéndonos del amigo, del profesor, del teatrista jaujino, no sin antes apuntarnos para visitarlo en alguna intervención artística pedagógica que nos hermane más, siempre con las ganas de aprender, de intercambiar, de conjugar y, por qué no, conjurar el mítico espíritu de los Xauxas entre la acción teatral y un revitalizante caldo de gallina en su casa teatral. Queda la palabra. Son 20 años que no son pocos, pero que nos inspiran a creer y a sostener todavía, que el teatro como carrera desde el ámbito donde se construya sus bases, con nobleza, con perseverancia, con coherencia y honestidad siempre serán pilares para construir una pluriculturalidad más diversa, genuina, amplia, porque no es casual que en unas de sus visitas, José María Arguedas4, tomando su glorioso caldito dijera que en Jauja sucede una integración excepcional de razas, de culturas y de sistemas económicos.
Referencias.
1 Bolívar, C. (2020) https://youtu.be/RCwOIzicoMc. El Zorzal Jaujino. Buscaré un mundo nuevo. Jauja.
2 Rivera, M. (2007). País de Jauja. Lima: Punto de Lectura Editores.
3Barba, E. (1978). Cultura 8: Odin Teatret, Tercer Teatro. Lima: Edit. UNMSM.
4 Arguedas, JM. (1975). Formación de una cultura nacional indoamericana. México: Siglo XXI Editores.


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