Diario de una Artista Migrante
La BILINGÜE
Desde esta columna quiero saludar a uno de los grupos más importantes en el teatro peruano, a Yuyachkani por sus maravillosos 50 años, porque este diario, tiene que ver también con el significado de esta palabra, que en quechua significa “estoy pensando”, “estoy recordando”, y también del “reto de vivir del teatro como mujer teatrera”, lo cual fue planteado hace años atrás por Ana Correa y Teresa Rally en una entrevista con Luis Peirano, en el programa del Canal 7 (Perú) "Memoria del Teatro". Salud por ustedes y por muchos años más.
Día uno, y los primeros años.
El primer obstáculo, llegar a un país de habla hispana y no entender nada, ha sido una de las primeras barreras que debí superar.
Cómo no empezar con mi primer encuentro cultural en Chile. Llegué a Santiago un 25 de febrero del 2012, una semana después de haber tenido un matrimonio hermoso bendecido por los dioses griegos (literalmente) representados por los actores y actrices que pertenecían en aquél entonces al Consorcio Cultural La Compañía. Si estaba bendecida por Zeus y otro Dioses, pues nada tendría que ir mal.
Llegué a Chile con emoción, con expectativas, muy ilusionada, no sabía aún de la relación directa de ser peruana con ser nana, pensaba en este Chile como el país desarrollado de Latinoamérica, de habla hispana, pero ese primer día me encontré con otra realidad.
Mi nueva familia política, había preparado un almuerzo de celebración por nuestra llegada, y la gaseosa se había terminado, mi hijo de 4 años y yo felices fuimos a comprar, queríamos conocer el barrio y su gente, llegamos a una tienda en la esquina, le digo al señor que atiende -me da una gaseosa, por favor-, él me mira fijamente a los ojos, y me dice -AQUÍ SE DICE BEBIDA-, yo acepto, mi hijo de 4 años quiere tomar un poco, le pido la bebida y digo -me da un vaso descartable, por favor-, él responde mirándome fijamente a los ojos, con una mirada de fuego, -AQUI SE DICE DESECHABLE-, y yo también lo miró fijamente y le digo – Y EN PERÚ SE DICE DESCARTABLE-, tomo la gaseosa, el vaso descartable y me voy. Yo no quería perder mi identidad, no quería hablar de otra forma. Ese sería el inicio de una gran travesía.
Cuando llegué a Valparaíso, fui a recorrer la ciudad, y me pasó la cosa más sorprendente de la vida, estaba en la esquina de Condell con Plaza Victoria, había un cruce peatonal, yo me preparaba con toda mi idiosincrasia peruana a cruzar esa esquina, toreando los autos como bien sabemos hacer las y los peruanos, pero al colocar el primer pie en la pista, un auto paró, a su lado un taxi y en el tercer carril el trolebus (ómnibus eléctrico, alimentado por dos cables superiores, no usa vías especiales por lo cual es un sistema más flexible – Wikipedia). El trolebus es grande, poderoso y todos ellos pararon para que yo, un pequeño ser, un simple peatón cruzara la calle y sin semáforo. Me sentí terriblemente mal, pasé rápidamente cual japonesa agachándose y agradeciendo, - gracias, gracias, gracias- eso nunca lo había visto en mi vida, qué país tan ordenado pensé, que respetuosos con los peatones, años después supe que es una de las normas de tránsito tanto en Chile como en Perú y el mundo.
(Recuerde: En un paso cebra, el peatón tiene prioridad. Libro del Nuevo Conductor – Ministerio de transportes y telecomunicaciones Gobierno de Chile, 2018)
Cómo podía pensar en hacer teatro si no era capaz de entender lo que decían. Así que, me dije, “Gabriela Fernández Chang paso número uno, antes que nada, debes concentrarte en entender, aprender chileno, desde su habla hasta su idiosincrasia”.
Cuando compré los útiles escolares aprendí que el resaltador es el destacador, que el tajador es el sacapunta, que el borrador es la goma y que la goma es el pegamento. Cuando hice arreglos para la casa, aprendí que los focos son las ampolletas. Cuando esperaba a mi segunda hija, en el consultorio aprendí que: “día por medio” es Inter diario o pasando un día. Y así poco a poco las palabras se fueron aclarando, como a Antonio Banderas en la película 13 guerreros. Era increíble que hasta el citófono hablaba en chileno, todos los citófonos que había escuchado antes sonaban, ring, ding dong, tilililín, pero este, el de mi primer departamento en Valpo sonaba CUEK, sí, así como lo leen “cuek”, como pato. La primera vez me asusté, sonaba una y otra vez, y yo tratando de descubrir de dónde venía aquel sonido, cuando levanté el auricular, al otro lado una voz me hablaba fuerte y me decía “SÍO”, temerosa le dije “disculpe, no le entiendo”, y la voz me decía fuerte “PUERTAAAA”, apreté el botón sin pensarlo, y al día siguiente a la misma hora “Cuek” y así todos los días y esa voz se fue aclarando con el transcurrir del tiempo, “SÍO, SEO, ASEO” eran las personas que pasaban a recoger la basura.
Uno de los aprendizajes que me marcó, fue el día en que llegó una comunicación del colegio de mi hijo mayor, “Mañana celebraremos el día del estudiante, deben ir disfrazados y llevar un plumero”, ahí me dije, le enviaré a mi hijo el plumero más lindo, no quería que él pasara por todo esto que yo estaba pasando, tampoco entendía porqué en el día del estudiante harían limpiar el colegio a los niños y las niñas, pero también estaba abierta a comprender que era otra realidad, así que le compré un plumero de colores, el más lindo que encontré, lo maquillé de puma andino, le puse el plumero en la mochila y horas después regresé a la celebración, grande fue mi sorpresa cuando entré al colegio y vi a todos los niños y las niñas moviendo felices sus pompones, y vi a lo lejos a mi hijo moviendo su plumero, aprendí que el plumero es el pompón.
Después de 2 años y 6 meses dije mi primer “poh”, me convertí en bilingüe, y así logré adaptarme. Hoy después de 9 años cuando recuerdo a ese hombre del negocio con mirada de fuego lo único que se me pasa por la mente, en mi nuevo idioma chileno, es “QUE WEÓN ¡WEÓN!, WEÓN”.
Esto que viví después se convirtió en cuento y luego en una rutina de stand up comedy, no podía escapar del arte, no quería hacerlo, quería compartir mi experiencia, ser consecuente con la idea del arte como un acto que responde a las necesidades sociales y políticas para transformar realidades.
El camino es largo, abriré mi diario y les contaré de mis clases de payaso, de la Escuela Nómade con Ariane Mnouchkine y de Theater Aber Andersrum. Nos vemos pronto.
Gabriela Fernández Chang
Valparaíso, 13 de marzo del 2021

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