LunaSol Teatro
Janet Gutarra: “Yo soy de una cosmovisión barrial”.
Corresponsales:
Adriana Vera, Educación Artística X ciclo.
Francisco Aldana, Educación Artística V ciclo.
La actriz, docente en Educación Artística y gestora cultural, Janet Gutarra, nos concede una entrevista desde La Balanza en Comas en el cono norte limeño, su barrio de origen, donde acciona incansable con su organización cultural LunaSol Teatro.
Es difícil coincidir con la opinión general en que uno de los sectores más golpeados por los efectos de la pandemia en el Perú, es el sector cultura. Pero esta denominación formal: sector cultura, contiene en sus estructuras otras variables que al ser develadas pueden generarnos otras interrogantes, por ejemplo, la situación actual de los teatros comunitarios en la Lima de los conos urbanos, los pueblos jóvenes o asentamientos humanos. La lucha de los colectivos artísticos organizados, de los teatreros unidos de diferentes barrios y asociaciones artísticas específicas se han hecho escuchar más que por la inercia de la situación, por esta necesidad vital de seguir creando una comunidad vecinal más integrada y con justo acceso a la cultura educativa y de entretenimiento en todas sus formas.
Profesora Janet, buenas tardes, gracias por darnos el tiempo indispensable para conversar sobre LunaSol Teatro y su accionar específico en esta difícil coyuntura. Para empezar, cuéntenos un poco sobre cómo se gesta su organización que sabemos, nace desde su etapa de estudiante de actuación en ENSAD.
Voy a empezar hablando de mi promoción. Éramos un grupo de cuatro mujeres que nos decíamos las chicas super poderosas; estábamos convencidas de que el teatro era nuestra carrera, nuestra pasión y que nada nos iba a detener. Éramos super entrenadas, llegábamos a la escuela a las 8 (am) y nos íbamos a las 10 de la noche porque todo el día estábamos ensayando y estudiando juntas.
Nuestro grupo se llamaba primero Ensad, luego Ruasun Kuna, luego terminamos siendo Mixtura y finalmente LunaSol, y el proceso de cambio fue porque fuimos encontrándonos con otros grupos que nos fueron marcando como Yuyachkani y Cuatro Tablas. Los nombres eran importantes, tenían que ser particulares y, pensando en nuestros ancestros, nos dimos cuenta de que también nosotras éramos hijas de migrantes y que la vida limeña y de los barrios también eran parte de nosotras y vinieron una serie de cuestionamientos que me parecieron interesantes y que nos hicieron ver en la cosmovisión que tenemos, pero que desconocemos: yo soy de una cosmovisión barrial. Así como hay la cosmovisión andina, la de la selva, también existe una cosmovisión barrial.
En nuestro grupo había una chica afrodescendiente, una limeña mazamorrera, una que vivía en un cono, éramos de diferentes etnias. Teníamos que buscar una palabra que nos identificara a todas y así nace Mixtura porque éramos una mixtura de etnias que nos unía el objetivo de hacer teatro.
Teníamos la necesidad de tener un espacio para poder ejercer nuestro trabajo, también fue un reto porque es difícil abrirse paso donde hay muchos círculos y era necesario crear nuestro propio círculo. Y es así como nace LunaSol Teatro, con un antecedente de escuela, pero no solamente teníamos una labor académica sino también éramos exploradoras, nos encantaba el entrenamiento, investigar, nos encantaba estudiar y es una cualidad que valoro mucho.
Luego de que mis compañeras, por cuestiones personales tomaran diferentes caminos cada una, yo me quedé sola y volví la mirada hacia mi barrio para insertarme en él, y allí nace con toda la experiencia previa LunaSol Teatro.
Y LunaSol surge en mi comunidad, en mi casa, en mi segundo piso tomado con mi techo y devolviendo todo lo que recibí cuando yo era niña.
En mi barrio había talleres de teatro a los cuales yo asistí, había mucha movida cultural; entonces, yo creo que a mí ya me tocaba tomar la posta y continuar con las actividades culturales de mi barrio.
LunaSol tiene que ver con mi decisión de hacer teatro y hacerlo en mi barrio. De hacer y de dar ¿Por qué yo como una profesional tengo que irme de mi barrio? Al contrario, debo quedarme y seguir aportando.
Definitivamente fueron tiempos en que hacer teatro en nuestros barrios tenía y tiene un fuerte compromiso de participación vecinal y sobre todo en la Balanza de Comas donde ya hay una tradición teatrera vecinal ¿Cómo está la organización en su barrio y cómo le llegó a LunaSol todo el embate de la pandemia?
Un poco complicado, porque a todos nos ha agarrado fríos. Y la virtualidad es impersonal y no te permite la conexión de la parte humana directa. Particularmente debo confesar que me agarró muy mal (risas). Me agarró en un estado de: “¿y ahora? ¿y ahora?”. Y fue un año muy difícil porque yo venía tomando decisiones importantes sobre cómo impulsar más LunaSol.
Lo que pasa es que yo mucho me dediqué al mundo académico, y está bueno el mundo académico, pero yo soy una mujer más de la práctica, del hacer y había dejado mucho ese lado y tomé la decisión de impulsar más las actividades prácticas-artísticas en la comunidad; entonces tomé la decisión y se viene la pandemia (risas).
Me chocó un montón, me duró hasta julio el shock, pero en el camino me fui sobreponiendo. Me la pasé pintando murales en mi espacio, entrené mucho. A mí misma el arte me ayudó a sostener este cambio radical en mi vida. Hasta que dije “basta, es el momento de buscar trabajo”, porque algo que tenemos claro los que hemos estudiado esta carrera, es que esto no es un hobby.
Por mucho tiempo he sostenido con mi labor académica mi quehacer práctico. Con mi sueldo académico sostenía la experiencia del grupo, y me dije “se acabó, ahora quiero que mi experiencia sea la que sostiene la experiencia de LunaSol”; entonces, a partir de julio del año pasado empecé a concursar, a gestionar, porque finalmente en esta carrera también acabamos siendo gestores y gestoras y en este caso mi principal profesión es la de hacer teatro y la segunda es de ser profesora. Y así, de julio a diciembre la pasé estresada asistiendo a capacitaciones, preparando proyectos, la pasé sentada literalmente para poder tener trabajo este año. Fue adaptarme a esta nueva circunstancia. Lo bueno es que en febrero hicimos MINKARTE y esa experiencia nos llenó de energías para afrontar el año que se venía, al menos hubo un último encuentro antes de la paralización. Y dentro de estos proyectos tenemos tres para este año, lo cual me agobia, pero hubiéramos querido sacar otros proyectos, por un lado, bien, pero por otro se juntan todos los proyectos ¿y ahora?
Claro, el sentarse en la computadora para quienes gestionamos proyectos comunitarios es también una labor creativa, es organizar, sistematizar crónicamente los proyectos, es una labor artística preliminar. En este sentido, sobre los tres proyectos que se vienen, ¿cómo va a ser la reactivación?, ¿cómo lo han planificado?
Se reactiva LunaSol, pero ya desde otra mirada, en mi caso ya no como una responsable del proyecto que tiene un sueldo fijo mensual, sino con una mirada, por ejemplo, al espacio, a este espacio que es un centro de trabajo y que quiere potenciar esa posibilidad, no solo para mí sino para las personas que trabajan conmigo.
Entonces, este año, por ejemplo, hay la posibilidad de hacer La Escuela, que es también nuestro sueño: una escuela de arte para todo el año para los niños, las niñas y los adolescentes de todo el barrio; esto se va concretizando. Hemos empezado este mes; acabamos de empezar esta semana que pasó con la virtualidad, particularmente estoy esperando abril porque queremos hacerlo presencial, pero es que también tenemos que esperar al contexto, qué dice el contexto, pero si todo va bien arrancamos con una capacidad reducida, por supuesto, con pocos niños por aula. Esta es una experiencia que va a durar todo el año. Entonces, eso es motivador, motivador porque todo el mundo sueña con su escuela de arte (risas) Estamos con todas las ganas de hacer un seguimiento anual, espero que nos vaya bien. Yo sé que nos irá bien. Este es un proyecto que salió porque ganamos estímulos económicos en el apoyo respecto del Arte para la Transformación Social y se logró la posibilidad de la escuela durante estos diez meses. Esto a mí me gratifica y me da alegría por los niños y las niñas del barrio y por el equipo que va a tener la posibilidad de tener un ingreso hasta noviembre de este año. Y, nada, también grabando obras que es también otro de los proyectos, hemos grabado ya una obra con este raro lenguaje de la virtualidad y los videos, y entonces estoy pensando seriamente estudiar una siguiente carrera (risas) manejo de cámaras, cine, porque como LunaSol nosotros queríamos hacer una película antes de la pandemia y contar la historia del barrio y ya he avanzado un guion, porque hice una maestría de escritura creativa en San Marcos, y estamos todos alborotados pensando en realizar el proyecto, solo que demanda conocer más el lenguaje cinematográfico y como adaptarlo al teatro. Y allí estamos trabajando en más gestiones, proyectándonos. Nos está yendo bien este año.
Profesora Janet, estas últimas semanas la noticias de la compañera Mayra Couto ha sacudido el medio y ha habido especulaciones sobre los estímulos económicos y las áreas a concursar, porque ella iba para un área específica y hubo reclamos y también salió la categoría en la que usted participó, que es Arte para la Transformación Social, y entonces la opinión pública le tomó más importancia a estos estímulos. Coméntenos, ¿cómo se está dando el proceso de las Redes Culturales en los concursos y cuánto de positivo resultó esta experiencia para LunaSol?
A ver, luego de julio y mi desconexión de la virtualidad, luego de esta etapa de recogimiento, me levanté y me puse a ver ahora cómo me inserto; ya había estado pensando mucho y mi sentir era “y ahora ¿cómo? ¿cómo como? (risas) ¿qué va a pasar con los artistas?”. Claro, con muchos compañeros, no todos son iguales, otros reaccionaron más rápido, otros son más al ataque; en mi caso yo acabo de descubrir que a mí me noquearon, pero hubo muchos compañeros que se activaron y convocaron a Redes de Redes, Redes de Espacio, Redes de Teatro, Redes de Circo. Yo hasta julio estuve desconectada, y algunos compañeros me decían “Janet, se ha armado la Red de Grupos, de Espacio”; yo me abrumé y me dije “ya está, ahora no podemos estar solos, ahora tenemos que agruparnos, ahora tenemos que ser parte de algo y caminar juntos”.
Primero me interesó la Red de Redes, pero no lo comprendía mucho, y me empecé a interesar por la Red de Teatros y Espacios Alternativos, que es la red donde estoy y la Red de Grupos de Teatros. Pero mi primer punto de conexión durante la pandemia, donde empecé a participar fue en la Red de Espacios de Teatro y Espacios Alternativos, esa fue mi primera red y a esa red le di con todo. En esa red teníamos reuniones más de una vez por semana, me integré a una comisión de trabajo, la red apuntaba a ser una red formal, es decir, legalizada. Todas las reuniones apuntaban en convocar a todos los grupos que tengan un espacio de trabajo alternativo. En esta red han participado desde los espacios teatrales de Miraflores hasta nosotros de los conos bien alternativos. Por ejemplo, nosotros abordamos nuestros espacios desde nuestras casas tomadas, en el segundo o tercer piso que los he llamado espacios aéreos.
Así como los espacios grandes que tienen sus costos de mantención, estos también tienen sus propios requerimientos. En esta primera experiencia tuve una relación muy especial con mi espacio, porque de verdad es muy triste ver tu espacio abandonado. Para mí, el local es mi espacio, una casa más, es mi cómplice, mi compañero con el cual sueñas con tus talleres, con tus creaciones. Hasta julio, mi espacio estaba reluciente; de una vez que bajé a la computadora empecé a ver como mi espacio empezó a sentirse solo, a empolvarse, me hizo sentir muy triste. A esto se suma escuchar a los compañeros sus experiencias, de los altos costos que tenían que pagar para sostener sus espacios, y así esta red se convirtió en mi familia. Luego me pasé a la Red de Grupos de Teatro,por esta idea de seguir haciendo teatro. Entonces estas dos redes son los grupos en los cuales yo pude articular y ahora se han formalizado. Pero donde estamos más activos así, es en la Red de Espacios; allí estoy en el grupo de incidencia, estamos impulsando un espacio para el debate de la importancia de los espacios culturales en las zonas periféricas, céntricas, porque, como decía un compañero, así como existen centros de salud que curan el organismo físico, también debe existir en cada comunidad un centro cultural para curar las emociones.
Toda esta red de redes no sería importante y significativa sin el concurso de la población que es a quienes, finalmente, llega el impacto artístico y pedagógico de los proyectos. ¿Cuál ha sido la reacción de la sociedad civil organizada dada la coyuntura e implementación novedosa de sus propuestas?
Fue muy importante que los compañeros que levantaron la voz empezaran a hacer una reflexión de lo cultural; no de lo cultural desde el “reality” y en este sentido muchas personas no nos consideran a los artistas como personas vulnerables, porque consideran que la gente que aparece en televisión expone su vida y ganan mucho dinero, entonces a nosotros nos ponen en la misma categoría. Hay una mirada por un gran sector de la sociedad civil que nos ven a los artistas desde esa mirada. Para nosotros es duro asumir como profesionales de la actuación que hemos estudiado la carrera de Actuación y ejercemos; ahora bien, nosotros decidimos dónde y cómo ejercer, nosotros decidimos cómo trabajar, entonces es muy complicado revertir la impresión de este sector que nos mira mal. En este sentido el habernos organizado en estas mesas de trabajo sirvió para que el Estado nos preste atención, porque normalmente los sectores vulnerables en el Perú son otros, menos el sector cultura. Cuando yo me instalé ya se estaban haciendo negociaciones para pedirle al Estado un subsidio y que se declare al sector Cultura en emergencia.
Es importante, entonces, que los que hacemos teatro, los que hacemos carrera, ser reconocidos por la gente como seres humanos y que esta es nuestra profesión, así como el abogado, el comunicador, el médico, somos en suma gestores, gente que está impulsando una experiencia de trabajo. Esta otra mirada por parte de la población es la que falta, la que el Estado también debería ayudar a diferenciar. Hemos tenido un montón de reuniones, haciendo cartas, incidencias, saliendo a las calles, haciendo protesta. Hasta que dieron los concursos, y digo concursos porque los apoyos COVID, se volvieron un concurso: hay perdedores y ganadores. También está la experiencia desagradable de esos grupos que se inventan referencias y salían favorecidos cuando hubo realmente compañeros que perdieron propuestas de trabajo. Así se desnaturaliza el apoyo a grupos que estaban trabajando antes de la pandemia y que vieron truncados sus proyectos con la llegada de esta. A pesar de todo esto nosotros persistimos y continuamos, también hubo compañeros a quienes se les aprobó el apoyo, pero se acabaron los fondos.
¿Qué mesas de trabajo se están impulsando desde estas redes, en este momento?
Como mesas de trabajo no, pero se está impulsando la Ley del Artista desde las redes, no desde el lado de esta ley que ya existe, sino desde el lado de los grupos, de personas que hacen teatro. Esto de la mano con el Ministerio de Cultura y las redes. Esto sería lo más inmediato. Se pidió también la idea de empadronar a todos los grupos que hacen teatro, no tenemos ese registro. Ahora bien, yo veo disposición, pero también veo obstáculos. La idea es insistir para que el Ministerio no se cierre.
Justamente en ese sentido y pensando en una representatividad política ¿cómo ve el panorama en cuanto a tener representantes políticos, gestores culturales, artistas, en el Congreso, los municipios y otros cargos, usted cree que sería necesario para impulsar nuestros derechos y agendas?
Sí, nos faltan líderes (risas) nos faltan líderes que quieran entrar e impulsar esos cambios ¡ya pues chicos anímense! (risas) serían líderes políticos que le apuesten por la cultura con otra mirada. Yo pensaba, por ejemplo, que Colombia ha logrado mucho en cuanto al apoyo a la cultura, allá ellos tienen premios, becas, estímulos para ir a seguir profesionalizándose a otros países, y todavía se quejan, quieren más, que sería si estuvieran acá. Es increíble la organización en Bogotá, por ejemplo, cómo se organizan desde todos sus municipios para estar activos todo el año y esto les permite tener ingresos económicos con permanencia. Acá en Lima, hay dos experiencias que podrían servir de referencia para ir creciendo en cuanto a base de datos, una es del Ministerio de Cultura con los “Puntos de Cultura” y la otra es de la municipalidad con “Cultura Viva Comunitaria”. Desde estos dos programas también hay fondos que se asignan a los grupos que están registrados. Y todo es por concurso, lo cual nos generó también un malestar, porque pensar en concursos en tiempos de pandemia es como que muy desolador. La idea sería pensar en un fondo solidario donde no haya perdedores, cosa que es muy difícil porque estas normas y ordenanzas están estructuradas en base a concurso.
Claro, ante este hermetismo y los concursos que se imponen, como se da, por ejemplo, ¿la Ley 1673 en concordancia con los Puntos de Cultura y cómo dialoga las organizaciones con el Estado?
En los diálogos es accesible y a la vez no es accesible. Me siento más asequible al programa de Cultura Viva Comunitaria, que les cuesta ceder, pero ceden. Como te decía, ya los concursos te daban, antes de la pandemia, 10 ganadores; ya desde el año pasado se logró 48 ganadores, y este año 50 ganadores. El programa estaba dividido en varias Limas, centro, este, sur, y cada Lima tiene su propuesta que después a través de cartas se van articulando con lo que ellos proponen. En cuanto al Ministerio y lo digo de manera particular, la maquinaria es más cerrada, ellos tienen un lineamiento y que pueden modificar tu proyecto. Pero los compañeros que han estado dentro del Ministerio dicen que adentro hay muchas trabas.
En este contexto podemos precisar que el Ministerio cuenta con oficinas descentralizadas, pero por parte del Municipio no hay oficinas descentralizadas, solo es un, municipio dialogando con las cuatro Limas, pero también es la cercanía en Lima que afianza estos diálogos, a diferencia del interior del país con Puntos de Cultura que tiene un carácter más descentralizado. ¿Cuáles han sido esas dificultades o logros que hemos tenido respecto a estos programas en comparación con Latinoamérica?
Claro, sobre los estímulos económicos te diré que es la primera vez que participo en este programa, pero que ya venía de hace tres años. Estímulos económicos te permite la posibilidad de concursar y de ganar. Estos programas se han posicionado en el país recién desde el 2010 o 2011, con esta movida de Puntos de Cultura una Cultura Viva Comunitaria y que el Estado de alguna manera lo fue asumiendo y que es un logro que ahora existan estos programas independientemente del contexto, es decir, que cuando pase el contexto estos son programas ya aprobados para el concurso del pueblo que tiene un proyecto y que quiere tener el concurso para emplear esos fondos. Estamos dando pasitos lentos, pero estamos avanzando. La ley de Puntos de Cultura es una ley ganada, así como la ordenanza de Cultura Viva Comunitaria, del mismo modo la DAFO para los que incursionan en los audiovisuales, Iberescena, Ibercultura recientemente, que son programas que están legitimados que no hay que perderlos, que hay que estimular que los grupos concursen, o ver la posibilidad de que el Estado, como dijiste, te ayude a financiar mancomunadamente. Yo diría que debemos vernos en nuestros referentes latinoamericanos, en este sentido mi referente es Colombia. Por qué allá si se logran estos programas con más amplitud y por acá no, por eso es importante viajar chicos, hay que viajar (risas). Antes del 2010, quién podría pensar que estos programas de estímulos económicos iban a existir en el país.
En esta ley y ordenanzas recientes, el Estado ha incluido a la industria cultural como organización de Puntos de Cultura. También habría que ver los fondos designados para nuestro sector son los necesarios para sostener dignamente los proyectos en las comunidades; entonces nos ponemos a pensar en cuál es más pertinente en este contexto, si hablar de Industria Cultural u Organización Cultural
Es contradictorio, digo, contradictorio en el mal sentido y en el buen sentido de la palabra (risas) porque cuando activamos en los barrios, yo considero que ejerzo la docencia, pero también quiero ejercer mi otra profesión de actriz, de hacer teatro. Entonces me cuestiono: ¿cuánto me puede costar pagar los servicios de un profesional en teatro o en realizar un montaje? Lo mismo ocurre con ustedes cuando egresan y van a trabajar a un buen colegio y demandan un buen sueldo, y les digo esto porque yo estoy en esta contradicción entre mi hacer comunitario y mi quehacer profesional. Te diré que hay ese prejuicio de que los que hacen arte comunitario son personas que no tienen experiencia artística o no son profesionales. Pero es más contradictorio cuando tratas de sostener tu quehacer comunitario y tu labor profesional, y si debo sostener un proyecto y debo contratar a un profesional de teatro, mi preocupación es de pagarle bien, para que se sienta tranquilo y pueda dar toda su experiencia; ¿por que sí el Teatro La Plaza puede pagar bien, porque nosotros no podemos pagar bien? Entonces esa es mi contradicción.
Recuerdo claramente que cuando estaba concursando para Cultura Viva Comunitaria, allí también estaba bien marcado lo que era una Industria Cultural y el Proyecto de Cultura Viva Comunitaria, y lanzaron dos concursos, donde hubo un solo premio de 100 mil soles para un solo proyecto y un premio de 10 mil soles para 10 grupos; entonces la misma cantidad de dinero era asimétrica para ambos proyectos. Pueden ver cómo se minimiza el Proyecto de Cultura Viva Comunitaria.
Mi pregunta iría más bien por: ¿qué pasa con los chicos que por vocación estudian Actuación?, que no es lo mismo que estudiar Pedagogía. Los que estudian pedagogía ya tienen un trabajo fijo cuando egresen sea en un estatal, privado o universidad. Y pues vivo en esa contradicción porque yo quisiera financiar mis propios proyectos comunitarios; a mi no me gusta esta idea de concursar, de depender de una institución que te marca ciertas pautas, yo no tengo un vínculo particular con mi municipio, siento que mi municipalidad de Comas a mí no me deja muchas opciones de vínculos, no me interesa particularmente.
Pienso que ambas, Industria Cultural y Organización Cultural deberían existir pero que no sean tan abismal. Pienso ahora nuevamente en Colombia, donde hay una experiencia importante, allá todos los grupos de teatro están organizados en una sola base de datos, y a su vez han creado sus propios grupos: los de títeres, los de claun, los de textos, los grupos profesionales, los grupos aficionados, los grupos que hacen teatro en calle, los comunitarios, donde si tú tienes tu grupo, puedes acceder a tres redes de esa organización; entonces, si yo tengo que elegir, participaría en el de teatro comunitario, de teatro de calle y la red de títeres; de esta manera, esta organización general recibe un gran monto total, que a su vez ese monto económico es dado para cada red. Y si tú accedes a tres redes, entonces del subtotal que te corresponde, tú decides cómo financiar los proyectos, con capacitaciones, conferencias, cursos internacionales, en fin. La experiencia de Bogotá, en este cas, me parece más solidaria y pensando en los actores y actrices de teatro que van a vivir de su profesión tanto como un docente, un arquitecto, un comunicador. Vivir de tu vocación.

Comentarios
Publicar un comentario